
Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.
Listo. Caímos en la trampa. La historia ya nos enganchó: al igual que otros narradores estadounidenses, Salinger conocía el secreto con el cual atrapar al lector ya en la primera página.
Y uno cae de entrada en el pozo narrativo de este guardián en el centeno. Y parece que en todo el libro no sucede nada pero uno no pierde el interés. Y aunque no pase nada, pasa todo.
Salinger vivió sus últimos 50 años recluído en una cabaña en New Hampshire, como Holden Caulfield, el guardián de esta novela, hubiera querido.